This marvelous thing we call inspiration…

Today is a special day because I feel inspired.

Inspiration is such a great sensation, isn’t it? It makes us happy, it makes us want to do more, be more, live more… Inspiration talks the language of our hearts, and it communicates perfectly well with our brains. Maybe that’s the reason why we feel so gracious when we feel inspired, and feeling inspired is what I want to talk about today.

I can never say when I’m going to feel inspired. I never see it coming, I can never perceive it beforehand. I just feel the touch of it the very moment it happens, and it always leaves a mark once it’s passed. It is probably one of the best sensations I have blessed to feel in my life and, as it usually happens with such great powers, I always hunger for more.

Along the whole day today, I’ve interacted with different people, and I can really say that at least three of them have contributed to my inspiration today: a pregnant friend, who looks more a more gorgeous as the due day approaches, and who looks at me in wonder when I tell her the stories of my day; an old friend, who is a free-thinker, a visionary and who inspires me every single time we speak just about anything; and then, last but not least, a powerful soul who fills my life with music and lyrics, and a person who makes me resonate with every single of those songs.

These are all important people to me in one way or another, and even though they are all very different amongst one another, they all achieve the same result: they inspire me with their hearts, their minds, their warmth, their ideas, their passions and their sole presence in my life.

Once you’ve been touched by the hand of inspiration, there’s no way back: it burns inside you, you have to let it flow. And letting it flow is a magical thing. It pours through you, you feel its power intoxicating your body, your mind, your soul. It’s somewhat alcoholic. Just enough inspiration running through your veins and all of those past, long-gone desires crawl back inside. It’s a double-edged sword. It impulses us, or it stings us. Or simply both.

Sometimes I feel so inspired that I don’t know what do to with it. Sometimes I write, sometimes I play piano. Sometimes I talk to people and inspire them, turning my own inspiration into a contagious disease. Sometimes I look up at the sky, or I stare in wonder at people on the street. Inspiration makes me behave, and it makes me act out at the same time.

So my question(s) usually is(are): what is it about inspiration that makes me feel like this. What does it give me, what does it take away from me? Why am I always -nearly desperately- looking for it? How can I retain it? What do I do when I have it? How do I let it flow and how do I control the madness of having it?

These are all questions which puzzle me. Inspiration is definitely one of my drugs. I always want more, but when I have it, I am never sure about what to do with it. I love it, I have it, I want it, but I also detest it. It aches in me, but I makes me happy at the same time.

Stay close, my friend, but stay away.

 

El derecho a amar

Últimamente no hago más que leer o enterarme de noticias o comentarios de odio.

Que si los gays somos esto, que si los gays somos lo otro, que si tendríamos que arder todos en el infierno, que si las mujeres no tienen voz ni voto para decidir qué quieren hacer con sus propios úteros, y así, una montaña de estupideces con un nivel de sensibilidad que roza lo innombrable.

Un cura leonés comenta, sobre un representante del partido socialista que ha afirmado tener cáncer -cáncer, señoras y señores, ni más ni menos- que esto es un castigo divino por ser quien es, de forma natural, e ir contra las directrices de la iglesia. ¡Que la pena capital debería estar impuesta! Sí… yo también me echo las manos a la cabeza…

La cuestión aquí es que todo el mundo tiene derecho a opinar, cosa que yo respeto. Pero hay opiniones que jamás tendrían que salir a la luz. Hay opiniones que pertenecen al siglo pasado, que no hacen ningún bien siendo aireadas en este momento de la historia. Esos individuos que alardean de ellas deberían considerar varias veces las cosas que sueltan por sus poquitos antes de soltarlas.

Resulta que no sólo tenemos que aguantar los abucheos, los malos tratos, el bullying, la discriminación negativa y una serie de casos más, sino que ahora también tenemos que aguantar que gente con una deficiencia de sensibilidad e inteligencia nos diga lo que tengamos que hacer, o que lo que nos ocurre a todos los niveles es porque no respetamos las leyes de la Iglesia o de instituciones afines, ¿no?

Si enfermo, ¿es porque soy maricón?. Si tengo una depresión, ¿es porque soy maricón también? Si algún día me pegan una paliza, ¿será porque soy maricón? Si contraigo HIV, definitivamente es porque soy maricón. Y si muero de forma desgraciada, como empieza a pasar ahora en Rusia, eso sí que es porque soy maricón.

Gente así, con una falta considerable de inteligencia y raciocinio, junto con actos como los de Rusia y su gobierno, nos degradan, nos quitan importancia, nos relativizan a la nada. Decisiones como las de nuestro estúpido gobierno, sobre las leyes del aborto de la mujer y qué pueden decidir ellas o no, son decisiones tomadas con una falta considerable de entendimiento y aprecio por las personas que formamos este país.

Hemos perdido tantos derechos ya… hemos vuelto a una época cercana al franquismo (a lo que seguramente volveremos dentro de no mucho, por lo visto). Como sigamos con esta ola de odio, no va a quedar títere con cabeza para alzarnos de nuevo, y menos aún como un pueblo unido. Aunque esta última parte dista mucho de convertirse en realidad. Nunca hemos sido un pueblo unido, y por lo visto nunca lo seremos.

Dejad de decirnos a quién tenemos que amar. Dejad de decirnos lo que tenemos que hacer para ser personas. Dejadnos tomar nuestras propias decisiones. Nosotros no hacemos daño a nadie, nosotros no sentimos un odio natural hacia todo lo que no entendemos. Dejadnos en paz. Mirad vuestras propias vidas e intentad juzgarlas vosotros mismo, a ver si veis algo que os guste. Nosotros, definitivamente, no.

Tengo derecho a amar a quien quiera, y así voy a seguir haciéndolo. Soy dueño de mi cuerpo y de mi vida, y si vienes a intentar quitarme eso, no atiendo a razones.

Yo soy yo, y tú no tienes voz ni voto.